La lectura, un tema pendiente por resolver

Por Jesús Sierra
Jueves, 02 de Febrero del 2017, 10:03 hrs.

En el año 2000 una lista elaborada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO), en la que participaban 108 países, México ocupaba el último lugar, con un promedio de lectura por habitante de 2.8 libros al año, en ese año se expidió la Ley para el Fomento a la Lectura y el Libro con el fin de combatir ese rezago que afecta las posibilidades de desarrollo cultural, laboral, social y económico de los mexicanos.

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En el 2016, los mexicanos apenas lograron un promedio de 2.94 libros por año. Dichas cifras no son muy distantes a las que recolecta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), que en los resultados de su Módulo de Lectura, realizado entre el 2015 y 2016, reveló que los mexicanos leemos 3.8 libros al año.

Las cifras son duras y contundentes, pero el problema no sólo es de analfabetismo y rezago educativo; el hábito de la lectura, la disponibilidad de librerías y bibliotecas e incluso intereses personales, juegan un papel importante.

Por ejemplo, ¿sabías que existe algo llamado “analfabetismo funcional”? pues son aquellas personas que tienen la capacidad de leer pero no comprenden los textos que encuentran en su día a día, y esa dificultad fue calificada como “una catástrofe silenciosa” en el año 200 cuando el Congreso de la Unión aprobó la Ley para el Fomento a la Lectura y el Libro.

Los resultados son tan alarmantes que el Senado de la república hizo un llamado a las Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Cultura y al Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura para tomar cartas en el asunto y comenzar la promoción del hábito de la lectura.

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De hecho, en el Módulo de Lectura del Inegi, se expuso que el 89.6 por ciento de la población que sabe leer y escribir mayor de 18 años no asiste a bibliotecas, las cuales de por sí son pocas en el país, pues de acuerdo con la red nacional de bibliotecas de la Secretaría de Cultura existe una por cada 15 mil 164 personas.

El Inegi también reveló que el 73 por ciento de las personas afirmaron que no recibieron estímulos ni fomento para la asistencia a las bibliotecas durante su infancia y cerca de la mitad de la población ,47.7 por ciento, dijo que no vio a sus padres o tutores leer.

Los motivos para no leer que aparecieron en el Módulo de Lectura, marcan la indiferencia y apatía por este hábito, el 44.2 por ciento dijo que es por “falta de tiempo” y cerca de un cuarto de la población, el 23.1 por ciento, dio como motivo “falta de interés, motivación o un gusto por la lectura”; otro 14 por ciento dijo que es por problemas de salud y una minoría por “falta de dinero o prefieren otras actividades”.

Las afectaciones no sólo son académicas, también tiene implicaciones económicas, México es miembro de la Organización para la Cooperación Económica (OCDE), y presenta uno de los mayores atrasos en compresión de lectura. Entre los resultados de la prueba PISA 2015 los estudiantes mexicanos terminaron con un puntaje de 416 frente a la media de los países miembros de la OCDE que fue de 493. Menos del 1 por ciento de los mexicanos logró los niveles de competencia.

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PISA reveló que el 42 por ciento de los alumnos reprobaron en el área de lectura. La prueba fue realizada a siete mil 568 mexicanos.

Pero esto es sólo a nivel nacional, si nos enfocamos a nivel estatal, las cosas no parecen mejorar, en el 2012 se publicó la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro de Quintana Roo, donde por cada 100 personas, cuatro son analfabetas, aunque el estado se encuentra por debajo de la media nacional, que es de 5 personas, esto no significa que se cuenten con los recursos para el acceso a la lectura de los mismos.

La presidente de la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología del Congreso de Quintana Roo, Candy Ayuso, apuntó que aunque se está cerca de cumplir la meta nacional, “el crecimiento demográfico asociado con el éxito de la actividad turística y la generación de empleos, provoca que día con día, se incorporen a la entidad personas que no saben leer ni escribir”, por lo que el tomar medidas para la alfabetización es fundamental para evitar el aumento del índice.

Reflejo de esto es en la cantidad de bibliotecas en el estado, pues la red nacional de la Secretaría de Cultura tiene registradas 47, una por cada 26 mil 512 habitantes. En Benito Juárez se cuenta con siete, el municipio con más bibliotecas es Othón Pompeyo Blanco, con 13, en tanto que el municipio que menos tiene es Solidaridad con dos bibliotecas.

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Más bares que bibliotecas

En 2001 nació el Programa Nacional de Lectura (PNL), para favorecer la adquisición y desarrollo pleno las competencias comunicativas (hablar, escuchar, leer y escribir) y, en particular, “fortalecer los hábitos y capacidades lectoras de los alumnos y maestros”.

El PNL propuso distintas acciones para fomentar la lectura y la escritura en el ámbito escolar, y garantizar las condiciones para que los alumnos se formen como lectores autónomos, capaces no sólo de un mejor desempeño escolar, sino también de mantener una actitud abierta al conocimiento y al arte.

Pero a más de una década de que se impulsó dicho programa y sigue vigente, en Quintana Roo hay mucho por hacer. Por ejemplo, hablemos de la adquisición o compra-venta de libros, de acuerdo con el Padrón Municipal de Licencias de Funcionamiento, en el municipio de Benito Juárez están registradas 79 librerías, en cambio existen registrados 614 bares, es decir, una librería por cada 7.7 establecimientos de venta de alcohol.

Le parecen que no ha visto 79, pues tal vez así sea, porque las autoridades incluyen en el listado de librerías a las tiendas enfocadas en el mercado religioso, esotérico e incluso las cadenas ubicadas en plazas comerciales.

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Sin embargo, estas cifras contrastan con las presentadas por la Secretaría de Cultura, que a nivel federal en el Sistema de Información Cultural tiene registradas desde el 2007 un total de apenas 16 librerías en todo el estado, número que en una década no ha aumentado ni disminuido.

Ante este panorama, la nueva administración estatal se comprometió a mejorar la calidad de la educación, el fomento a la lectura y a elevar los índices de Quintana Roo, pero para la búsqueda de soluciones, la claridad en los datos es primordial y necesaria, y ahí hubo sorpresas no agradables.

El Instituto Estatal para la Educación de Adultos, IEEA, reportó que durante el sexenio de Roberto Borge Angulo se dieron datos falsos sobre el índice de analfabetismo. El ex gobernador aseguró que antes de su sexenio eran 308 mil 651 personas y que concluyó su mandato con la reducción de dicha cifra en un 70 por ciento.

Sin embargo, el actual director general del IEEA, Rafael Quintanar González, explicó que dichas cifras fueron “maquilladas” y que encontraron la institución en una “situación lamentable” pues se otorgaron certificados a personas que no cumplieron su ciclo de formación y se cobró por la expedición de certificados, que por ley son gratuitos, por lo que las únicas estadísticas confiables por ahora son las del Inegi, en lo que se elabora un diagnóstico de la situación de alfabetización en el estado.

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Es verdad, el panorama no parece alentador, pero una de las dificultades más marcadas en esta problemática no tiene que ver con el gobierno, sino con la falta de interés de los propios ciudadanos en el fomento a la lectura.

La maestra María Estela Cordero Becerra, encargada de la Biblioteca Enrique Barocio Barrios de la ciudad de Cancún, señaló que ni los niños, ni los adolescentes son los culpables de la falta del hábito de la lectura y gran parte de la responsabilidad recae en los padres de familia.

La maestra dijo que a la Biblioteca acuden en promedio 400 personas al día, la mayoría alumnos de secundaria y preparatoria, además de las visitas guiadas que realizan para primarias y preescolares, quienes muestran más disposición para aprender y lamentó que sean pocas las personas que acudan por “gusto” a la lectura y no por consulta, de los cuales estima son apenas un 15 por ciento de los visitantes.

Ella, una vez a la semana, realiza visitas a las escuelas para promover el hábito de la lectura, pero no se enfoca sólo en los estudiantes, también en los padres. Es más, les recomienda que lean con sus hijos para fomentar el hábito, pero de acuerdo con ella, ese ha sido un gran reto.

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“Entiendo que (los padres) llegan cansados de trabajar y lo que menos quieren hacer es leer, por eso ahora lo que estamos haciendo es fomentar el hábito de la lectura a los padres, así como les hacemos ver el problema que tendrán a futuro si no trabajan desde temprana edad con los niños”.

La profesora recomienda a los padres de familia leerle a los niños por lo menos 10 minutos o una página al día, un ejercicio que le permitirá a ambos fomentar el hábito de la lectura y estrechar vínculos afectivos con sus hijos, en vez de entregarles distractores como los teléfonos celulares, dispositivos tecnológicos o sentarlos frente al televisor.

Expertos, organizaciones, dependencia y gobiernos coinciden en que la mejor manera de combatir el rezago social y hasta económico es a través de la educación y de la lectura, y ese es un trabajo que se debe fomentar y aprender en casa; la sociedad y los padres de familia debemos tomar conciencia del papel que desempeñamos en el desarrollo y crecimiento de una sociedad, y éste es uno de los mejores escenarios para hacerlo.

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Los hijos aprenden de los padres; un niño que ve en casa que leer es una parte importante de las actividades de la familia, verá como normal tomar un libro, aprenderá y desarrollará capacidades y habilidades para su desarrollo como individuo y ello repercute en la sociedad.

Cada vez más personas se están comprometiendo con el combate en el rezago educativo y de lectura, tan es así que asociaciones civiles y ciudadanía en general van sumando esfuerzos, por ejemplo, con la “liberación de libros”, que prácticamente lo que se hace es dejar un libro –de lectura, no de texto- en cualquier espacio público para que otra persona pueda tomarlo y leerlo, con el objetivo de que al terminar, el nuevo lector se comprometa a cuidarlo y volver a liberarlo para que alguien más lo disfrute; también están los cuenta cuentos, que poco a poco van proliferando en el estado.

Y como señaló la doctora Katarina Popovic, miembro del Consejo Internacional de Educación para Adultos, la educación “es un derecho humano y un portal a otros derechos”.

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