La “Marcha en Silencio”, más elocuente que las bayonetas

Tenía como objetivo cambiar la mala imagen que se intentaba dar del movimiento estudiantil del 68, así como presionar a las autoridades a dar respuestas a sus peticiones.

Por Redacción MNN jueves, septiembre 13, 2018 comentarios

Hace cincuenta años, una marcha que “gritaba” en silencio fue la antesala de un evento que marcó un momento histórico en México y cambió la vida de miles de estudiantes.

Después de dos semanas de que el gobierno decidiera incrementar la represión contra los estudiantes, el Consejo Nacional de Huelga (CNH) aprobó el 9 de septiembre de 1968 la realización de una marcha que iniciaría el 13 del mismo mes, desde el Museo Nacional de Antropología hasta el Zócalo, esto en completo silencio por la represión que se había sufrido y por los señalamientos que el gobierno hizo sobre el comportamiento de quienes participaban, al considerar que durante estas manifestaciones se insultaba a los funcionarios públicos.

En los días anteriores a esta manifestación, la prensa nacional, la radio y la televisión se dedicaron a crear un clima represivo, anunciando que la convocatoria a dicho acto era una provocación más al gobierno y que el ejército y las policías no lo permitirían; desde helicópteros caían volantes con información aterradora sobre la marcha.

Proceso

A los domicilios llegaban comunicados invitando a los padres a que no permitieran que sus hijos acudieran a dicha manifestación porque sería un baño de sangre. Durante la marcha, los estudiantes cambiaron las banderas rojinegras por las nacionales, iban vestidos de blanco y algunos llevaban la boca tapada en señal de represión.

Por su parte, los estudiantes lanzaron volantes diciendo que el silencio sería “más elocuente que las palabras que acallaron las bayonetas”. Cabe destacar que la marcha se realizaría el mismo día que se conmemoraba el aniversario de la Batalla de Chapultepec de 1848, cuestión que llevó a la PGR a desdeñar la postura de los estudiantes y mencionar durante la ceremonia que “Los jóvenes oradores de la ceremonia cívica central pusieron a los Niños Héroes como ejemplo de virtudes patrióticas ante la juventud, exhortándola a deponer su rebeldía estéril y a unirse a la causa del progreso nacional”.

A 50 años, Ana Ignacia Rodríguez “La Nacha”, ex brigadista de la Facultad de Derecho de la UNAM, narró a El Universal como “El silencio era impresionante. Sólo se escuchaban nuestros pasos, el paso de zapatos de miles de estudiantes que en el Paseo de la Reforma exigían un cambio en beneficio de la sociedad mexicana. Ahí me di cuenta de que el silencio decía más que mil consignas, era algo ensordecedor”.

José González, entonces estudiante del sexto semestre de Derecho y brigadista del movimiento recuerda que se les pidió no llevar carteles o mantas con los rostros de revolucionarios extranjeros, “que no lleváramos imágenes del Che, de Ho Chi Minh, porque decían que estábamos siendo manipulados por comunistas extranjeros. Entonces, se pedía llevar carteles con la cara de Zapata, Villa, Hidalgo, Benito Juárez”.

El Heraldo

Todavía hasta unas horas antes de la marcha, los organizadores estaban convencidos de que si su capacidad de convocatoria fallaba y la marcha no atraía a un número considerable de asistentes, se abriría entonces la puerta para una represión de mayor escala.

“La asistencia, cercana ya la hora de iniciarse el recorrido, era mucho más escasa que en otras ocasiones”, contó Luis González de Alba en su libro “Los días y los años”, en ese entonces representante de la Facultad de Filosofía y Letras ante el CNH.  “Si no se reunía un contingente mayor, la represión era segura. Todos contábamos con nerviosismo los pequeños grupos que entraban al parque con cierta timidez al notar lo avanzado de la hora y la reducida concurrencia”.

Cerca de la hora de partida, helicópteros del gobierno volaban al ras de las copas de los árboles. La tensión crecía. Al dar las cinco de la tarde, la marcha partió en absoluto silencio. La encabezaban los líderes del CNH. No había gran cantidad de asistentes.

Aún estaba fresco el recuerdo de los tanques ligeros y soldados que a bayoneta calada desalojaron a más de tres mil estudiantes del Zócalo y de la zona aledaña a Palacio Nacional, la madrugada del 28 de agosto.

El panorama cambió en minutos y el miedo empezó a disiparse para dar paso a un escenario imponente y abrumador. “Apenas salidos del bosque, a unas cuadras de iniciado el recorrido, las columnas empezaron a engrosarse. Todo el Paseo de la Reforma, banquetas, camellones, monumentos y hasta árboles, estaba cubierto por una multitud que en 100 metros duplicaba el contingente inicial. Y de aquellas decenas y después cientos de miles sólo se oían los pasos. El silencio era más impresionante que la multitud”. 300 mil marcharon en silencio, apenas un murmullo.

Hoy a 50 años, se realizará una marcha convocada por la asamblea interuniversitaria con la que se recordará esa movilización para solicitar la expulsión de porros de la UNAM.

El Gobierno de la Ciudad de México implementará un operativo de seguridad y movilidad para dar acompañamiento a la marcha en la que también participarán estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de El Colegio de México y de la Universidad Autónoma Metropolitana, entre otras instituciones.